Texto: Isolina Espinosa
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La protagonista de esta historia se llama Nora. Si le preguntaran a Nora qué es lo que más feliz le hace, seguro que contestaría alto y claro que visitar todos los castillos del mundo.
Que… ¿por qué? Pues porque a Nora le encantan las historias de príncipes y princesas, pero, sobre todo, le chiflan las historias increíbles que le cuenta su papá cuando visitan antiguas fortalezas.
***
«¿A qué no sabes la verdadera historia de este castillo?» Esa era la ansiada pregunta que cada domingo esperaba oír Nora.
—¿Es un castillo encantado? —contestaba ella.
—Noooo. Los castillos encantados no existen —le explicaba siempre papá.
—¿Tiene un dragón que echa fuego por la boca?
—Tampoco. Los dragones solo salen en los cuentos.
—¿Hay una princesa encerrada en su torre?
—No hija, a las princesas de hoy nadie las encierra.
—¿Entonces, papá? —Nora ya conocía la respuesta. Era la misma de siempre, pero le gustaba seguirle el juego porque ese era el comienzo de una historia fascinante.
—Hace cientos de años… —comenzaba a relatarle como de costumbre papá— una nave venida del espacio aterrizó aquí y…
Y los relatos eran de lo más alucinantes, divertidos e increíbles: extraterrestres que venían desde la mismísima Luna para recoger semillas y plantarlas allí, marcianos que, de camino a Venus, paraban en nuestro planeta para hacer un pequeño descanso, y hasta saturnianos que venían de vacaciones a conocer a la especie humana.
***
Tantas historias ingeniosas le contaba papá que un día Nora le confesó que había decidido que de mayor quería ser astronauta.
—¿Astronauta? Pero… ¿no decías que querías ser maestra?
—Sí, pero lo he pensado mejor y quiero ser astronauta para poder viajar a los planetas de nuestras historias y ver si, de verdad, existen los extraterrestres de los que me hablas.
—Pues me parece una idea buenísima, hija. Así podrás ver si han crecido palmeras en la Luna. Ya hace años que se llevaron las semillas deben estar enormes.
***
Al día siguiente, Nora les contó a sus amigos del cole la última de las historietas de su papá: la de un extraterrestre que había visto en Internet que en el planeta Tierra había un castillo en el que se necesitaba un peluquero para cortarle el pelo a la mismísima reina. Este, ni corto ni perezoso, cogió su nave espacial y en un par de horas se plantó aquí para convertirse en el nuevo peluquero real.
Entre risotada y risotada, Nora también les contó que había decidido estudiar para hacerse astronauta.
—¿Astronauta? —le preguntó su amiga Laura.
—Vaaaaa. Eso es muy difícil. ¿Tú has visto alguna astronauta chica en la tele? —le preguntó su amigo Adrián.
—Además, para conducir una nave espacial seguro que hay que estudiar un montón —le dijo Diego.
—Ya, pero es lo que yo quiero ser. ¿Por qué no puedo serlo? —les contestó a todos.
***
Cuando volvió a casa, Nora corrió a contarle a su papá lo que le habían dicho sus amigos. Se sentía un poco triste.
Papá no podía creer lo que estaba escuchando. ¡Quién era nadie para quitarle la ilusión a su pequeña! Así que se propuso devolvérsela como mejor sabía, que era contando historias.
—¿Quieres oír una historia de extraterrestres, Nora? —le preguntó papá.
—¡Pero si solo sabes contar historias de extraterrestres! —le dijo Nora con los ojos medio llorosos y, al mismo tiempo, con la mirada expectante.
—Érase una vez —comenzó a contarle papá— había una extraterrestre que vivía en el planeta Venus y tenía un deseo muy grande, tan grande que no le dejaba dormir. Día y noche soñaba con tener su propio restaurante, ser la mejor chef del universo y que desde todos los planetas, hasta los más recónditos, vinieran a degustar sus recetas. Aunque su reto era complicadísimo, lo que nunca se pasó por su cabeza es que su sueño fuera imposible de cumplir.
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—¿Y lo consiguió, papá?
—La verdad es que no lo sé. Tendrás que ir a Venus a averiguarlo —y se echó a reír.
—Pero… ¿cómo? —le contestó Nora enfadada—. Todos mis amigos dicen que no podré ser astronauta.
—No Nora, lo que tus amigos dicen es que nunca han visto una chica astronauta. Ninguno ha dicho que no puedas lograr tu sueño.
—¿Y cómo lo conseguiré si parece tan difícil?
—Bueno, yo creo que lo más complicado de todo es creer que puedes conseguir todo lo que te propongas. Y luego, por supuesto, hay que esforzarse mucho. Cuanto más te esfuerces, más cerca estarás de lograr tu propósito.
—¿Y si, aun así, no lo consigo?
—Pues habrás estado lo más cerca posible de tu sueño, y eso te habrá hecho fuerte, valiente y capaz de aceptar cualquier reto en la vida. ¿Cómo crees que mamá ha llegado a ser cirujana? Es una profesión con una enorme responsabilidad. Primero, porque se lo propuso, y segundo, porque se esforzó. Podría no haberlo logrado, pero hubiera sido muy valiente por intentarlo.
***
—Y tú papá… ¿en qué eres bueno?
—¿Yo? Yo soy el mejor padre del mundo. Al menos, el que mejor cuenta historias de extraterrestres—le decía a Nora mientras se le escapaba la risa.
— Pues… ¿sabes qué, papá? Que yo voy a ser la persona más luchadora del mundo. Mejor aún, del universo. No sé si lograré averiguar si han crecido palmeras en la Luna, pero te aseguro que lo voy a intentar.
—Entonces, has de saber una cosa, Nora: ahora mismo ya estás más cerca de conseguir tu sueño. ¡Muchísimo más cerca de lo que te crees!
Y colorín colorado este cuento se ha acabado y por la chimenea se ha esfumado.
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