Mientras remoloneaba en la cama, Valeria pensó por un momento que todo lo que le estaba ocurriendo era un mal sueño. Pronto se dio cuenta de que era real: la Princesa Voltereta se había convertido, como por arte de magia, en la Princesa Pedorreta.
Mientras remoloneaba en la cama, Valeria pensó por un momento que todo lo que le estaba ocurriendo era un mal sueño. Pronto se dio cuenta de que era real: la Princesa Voltereta se había convertido, como por arte de magia, en la Princesa Pedorreta.
De día eran dos caballos más en el establo. Vivían felices porque todas las mañanas un grupo de niños le esperaba entusiasmado a que terminaran su desayuno. De noche, la vida cobraba una nueva dimensión para ellos, una dimensión mágica y llena de aventuras.